«Primer» contacto con The Last Remnant: Amores prohibidos, fumadas y guías

Actualmente estoy jugando a The Last Remnant, uno de los videojuegos fetiche de mi vida y un título con el que guardo una relación peculiar y mentecata que mantiene desconcertados a algunos de mis gregarios más allegados. Y es que es curioso que un videojuego que siquiera me he pasado me ponga el carajo como un Boeing 897, aunque no reconozco que no es más curioso que meter el nardo en sitios que no están pensados para ello, como el recto de un mono virueloso como habéis muchos de vosotros, piratuelos. Hoy os voy a traer pues una entrada de un tanto raruna. Para empezar os contaré mis miserias personales con el juego, continuaré con una manida a la par que concupiscente reflexión sobre el sistema de juego y culminaré tremenda paja con una serie de guías y recomendaciones para que no se os enquisten los pelos coccígeos si decidís echarle un tiento a este maravilloso juego de Square Enix. Por otra parte, dejaré mis impresiones y el ANALisis para otra entrada una vez me haya pasado el juego, no se me vaya a acusar de trabajar para Vandal o Meristation. Bueno, pegad los cojones y los labios mayores al sillón que se vienen filosofadas chungas y desvaríos varios…

Mientras planificaba la escritura de esta entrada había una célebre cita que no paraba de inundar mis pensamientos: «cantidades inhumanas, eran el esperma del mancebo». No, no es que estuviese recordando esa época adolescente por la que todos hemos pasado de onanismo desmesurado y erección perenne. No, lo que se me pasaba por la cabeza era el hecho de que The Last Remnant ha sido un videojuego que desde su lanzamiento, allá por los dol mil dieces, me ha llamado mucho la atención, incluso en una época en la que no tocaba la consola ni con un palo. Recuerdo que vi el juego por primera vez en casa de un colega que tenía XBox 360 y de forma inexplicable, sin ver más que los compases iniciales, The Last Remnant se quedó alojado cual espinita en mi dulce corazón, provocándome inesperadas y monstruosas erecciones cada vez que visualizaba o leía algo al respecto. Lo cierto es que en aquel entonces no recuerdo haber jugado más que aquella vez. Si bien leí algún que otro reportaje sobre el juego (Que de pollavieja acaba de quedar esto) y vi jugar un poco a mi colega, pensándolo en frío considero que mi experiencia con el juego fue insuficiente como para que en mi privilegiado cerebro arraigara la idea de que The Last Remmant era un juego tan maravilloso. SUn tremebundo sinsentido desde luego… ¿Pero qué tiene sentido en esta vida? ¿A caso tiene más sentido qué Sálvame sea lider de audiencia? ¿Qué Wesker sea negro en Netflix? ¿Qué Rociíto y la Campanario se coman la almeja? ¿Que por un euro de Gueimpess tengas 300 juegardos de la hostia sin indies que no conoce ni su madre ni videojuegos desechados por mediocres? ¿Qué se culien a un mono con viruela? Al lado de esto, el amor que profeso hacia The Last Remnant no es más que una minucia dentro de este mundo que es una bacanal de sinsentidos. Y tras tremebunda reflexión prosigamos…

Uno de los aspectos que contribuyen a esta pasión inexplicable que tengo hacia The Last Remnant es que la forma en la que se desarrolla y su puesta en escena, en sus personajes, me recuerdan a la época dorada de Square de los años 90 e inicios de los 2000, la cual me ha legado algunos de mis videojuegos favoritos, en la que el diseño de los personajes tenía su propia seña de identidad lejos de las mariconadas de TWEWY (O cómo cojones se escriba), Final Fantasy post-XII o Kingdom Hearts. Junto a esto también habría un componente contextual, me explico: con el gérmen de The Last Remnant arraigando en mi aurícula derecha, como ese videojuego pendiente que algún día tenía que jugar, fueron pasando los años hasta 2017 cuando, en un intento por recuperar mi pasión por el videojuego más tradicional, decidí soltar la gallina y pillarme el juego para Steam. Tal y como conté tiempo atrás en este mismo blog, cuando era un bloguero respetable que en vez de escribir sobre tulas escribía sobre sensiblerias y pijadas (La Vida en Videojuego), hay videojuegos que asocio a ciertas épocas de mi vida. En el caso que nos atañe, este es otro de los principales motivos que hacen que sienta tal devoción por The Last Remnant y que hacen que lo considere ese delicioso glande oculto enmedio de un cajón lleno de fresones. The Last Remnant fue el videojuego que jugué en la última época de «tranquilidad» que he tenido en mi vida, que probablemente no se repita hasta que me jubile, justo tras terminar una oposición y antes de zambullirme de lleno en el mundo laboral y familiar, una época en que mi única responsabilidad era comer, dormir, ir pajeado al partido y no cagarme encima. Por tanto no niego que parte de esa sensación de beneplácito que me produce The Last Remnant se deba a que mi subconsciente rememore aquellos tiempos de libertad y encefalograma plano.

Artística y conceptualmente The Last Remnant me parece una maravilla.

Dejemos de lado estos aspectos tan metafísicos y lisérgicos para hablar de algo más tangible: mi experiencia con el juego. Para sumar incongruencias, por si no fuera poco con el hecho de que me la ponga como un chorizo del cantimpalo un videojuego que siquiera he terminado, estaría mi incapacidad para comprender el puto sistema de combate y de desarrollo de personajes que tiene el juego. No sé si es porque mi cerebro empieza a pecar de la rigidez propia de la maurez o qué (Con el nardo bien rígido, por supuesto), pero la cuestión es que de tres partidas que he hecho (dos inacabadas y una en proceso) y depués de leer mil y una guías en castellano, en inglés y en Googletraducido, todavía no entiendo a ciencia cierta cómo cojones funcionan el sistema de escalado de enemigos y de personajes con rango, el sistema de aprendizaje de habilidades, el sistema de creación de batallones, el sistema de desplazamientos por el campo de batalla… No entiendo ningún sistema, salvo el sistema reproductor femenino por supuesto. Pero bueno tampoco voy a ir de víctima ni a tirar piedras sobre mi propio tejado puesto que en esta tercera, y actual, partida lo cierto es que estoy empezando a vislumbrar el funcionamiento de algunas mecánicas y os juro que está siendo una experiencia que me está resultando de lo más gratificante (Aunque reconozco que es gracias a una guía que me está sacando las castañas del fuego). No es para menos, pues para mí comprender The Last Remnant era ya casi como un reto llevado ya al terreno de lo personal.

Sin entrar en lo técnico, pues prefiero dejarlo para otra entrada, y preparando el canuto de lo reflexivo, son estas mecánicas enrevesadas las que creo que terminaron haciendo mella en el título y que no fue de agrado para una crítica popular que hundió a The Last Remnant en la miseria y en el olvido, puesto que en el resto de apartados el videojuego se podría codear perfectamente con cualquier JRPG de calidad media-alta de la época. Lo que me apasiona a la par que hiere, cual café mañanero que te calcina las papilas gustativas porque eres un golas de mierda que no se puede esperar a que se enfríe, es que conceptualmente todas estas mecánicas de The Last Remnant, todo este sistema de juego, me parecen cojonudísimos y con un potencial brutal, pero la triste realidad es que están ejecutados un poco como culo haciendo que el resultado de la forma sea bastante opaco y tergiversado y, por ende, poco atractivo para un público general. Estoy convencido de que con un par de vueltas de tuerca que hubiesen hecho este sistema un poco más transparente en líneas generales y no tan dependiente de la suerte en determinados puntos, probablemente estaríamos frente a unos de los JRPG más reconocidos y mejor valorados de la pasada década (Y no esa mierda de Xenoblade Chronicles).

A tenor de esto último, desde mi punto de vista el principal problema de The Last Remnant radica en que por probar cosas, veáse por ejemplo personajes, habilidades, formaciones de unidades… el juego te penaliza hasta el punto de poder llegar a romper, negativamente hablando, la partida abocando al jugador a empezar una nueva. El sistema de juego de The Last Remnant, orientado a construir y organizar batallones o «unidades», debería permitir probar estrategias distintas con las infinitas posibilidades que ofrece algo que, debido a las «penalizaciones» que comentaba, tristemente queda sustituido por una sensación de angustia al pensar que no estás siguiendo la «ruta adecuada» de desarrollo de personajes con el temor de que podrías acabar en un enfrentamiento que no puedas superar, terminando en un entuerto de huevos cuya única salida sería tirar la toalla y empezar de nuevo (Eso mismo fue lo que me pasó a mí la primera vez que jugué). Esto se debe a que el juego cuenta con un sistema de «Clasificación» o «Battle Rank» un tanto injusto que consiste en que el potencial de los enemigos escala a medida que se hacen combates, independientemente de que los personajes se fortalezcan o no. Por tanto el problema radica en que el aumento de la dificultad no neceseramiente es paralelo al desarrollo propio de los personajes, de tal manera que si se combate mucho pero se va cambiando mucho de personajes o no se potencian las habilidades adecuadas de los mismos, termina creándose un decalaje entre la dificultad de los enemigos y la potencia de los personajes, pues los primeros tendrán un «Battle Rank» mucho mayor que los segundos. Este decalaje termina siendo prácticamente insorteable una vez establecido ya que la única forma que habría de arreglar el desastre sería combatiendo para fortalecer a los personajes adecuados pero al combatir seguiría escalando el puto «Battle Rank» por lo que los enemigos «siempre» se mantendrían por encima jodiéndose de ese modo la partida. Lo cierto es que hay alguna «puerta trasera» que permite arreglar esto con un poco de farmeo en puntos muy concretos del juego, pero no deja de ser algo que no forma parte de la «evolución natural» del juego.

El sistema de combate es el principal reclamo a la par que el principal traspié que tiene el juego.

Como decía, este decalaje fue el que hundió mi primera partida a The Last Remnant. Superado el ecuador del juego y con más de 30h a mis espaldas, tuve que abandonarlo porque había llegado a un punto en el que era incapaz siquiera de sortear los enfrentamientos más convencionales. Aunque esto fue un chasco bastante grande, no pudo con mi amor bandido hacia el juego por lo que tras el anuncio del remaster para la generación pasada de consola me estallaron los huevos en una lluvia de placer albo y no dudé en pasar de nuevo por caja. No obstante, aunque me apetecía jugarlo en condiciones, debido al temor que tenía a raíz de mi experiencia previa con el juego, no ha sido hasta a fecha de hoy que le he echado cojones y he decidido pasármelo cueste lo que cueste (Espero no venir llorando dentro de unos días con que no me lo puedo pasar). Inicialmente hice una partida de contacto, de pocas horas, para familiarizarme de nuevo con el juego y ya después he empezado una partida «en serio» guía en mano y lo cierto es que me está encantando. No soy en absoluto de jugar con guías, pero en este caso reconozco que estoy disfrutando el juego mucho más gracias al asesoramiento de la guía ya que me está permitiendo entender y comprender mucho mejor cómo funcionan las distintas mecánicas del juego, algo que no había conseguido jugando «a pelo», y por ende estoy empezando a jugar aportando mi «toque personal» y mi grumo a las recomendaciones que va haciendo la guía. En definitiva y a modo resumen, esta tercera partida parece la «buena» pues me lo estoy pasando tetísima con el juego.

Yo no sé que tiene la mierda esta, que a más la juego más me flipa.

Y no quiero añadir nada más porque el resto me lo quiero guardar para la correspondiente entrada de Let’s Play Motherfucker! Así que, para acabar, he guardado este final de entrada para compartir algunas de las guías y págians web que he utilizado y que me parecen de los más interesante tanto para comprender el funcionamiento del juego como para hacer un walktrhough en condiciones. Decir que estas guías están en inglés ya que en castellano solo he encontrado los típicos artículos de mierda que son «clickbait» y alguna página que parecía interesante pero a la que se le nota el Google Traductor a la legua y que se entiende peor que si estuviese en alemán o en japonés. Recuerdo que había una guía bastante interesante sobre la versión de XBox 360 pero he estado intentando buscarla y no la he encontrado. No me enrollo más y me despido de ustedes, heraldos de la tula, con los siguientes enlaces:

2 comentarios sobre “«Primer» contacto con The Last Remnant: Amores prohibidos, fumadas y guías

  1. Me apunto todas las guías, para darles un tiento para cuando me por jugar al juego, que todavía tiene pinta de que va a tardar, porque como ya comentamos este juego se basa mucho en la formula mecánica de SaGa solo que aquí, tienes muchos más personajes y esta más orientado tanto a la linealidad como a la estrategia, situación que en parte será responsable de que el juego se parta tanto, que tengas que acabar reiniciándolo…

    Por lo demás es una lastima, pero tuve que acabar vendiendo mi copia de 360, porque la ONE no es retrocompatible, así que en cuanto pueda acabaré comprando la versión remastered, porque realmente tengo ganas de probar este juego tanto por su legado, como por la curiosidad que me da que te guste tanto, pese a que te haya garchado el culo tan bien.

    Un beso, gran entrada Arald y a espera de las conclusiones finales 😀

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    1. ¡Gracias por comentar amigo Spi! Cuando te animes a jugarlo aquí estaré para facilitarte todas las guías y material que necesites (Es más, estoy trabajando en una guía propia que espero veo la luz las próximas semanas).

      Una lástima lo de XBox 360 porque el juego original cambia bastante en sus mecánicas respecto a las versiones PC y Remastered. Supongo que los cabrones quitarían lo de la retrocompatibilidad igual que quitaron la posibilidad de pillar la versión clásica de PC en Steam para que la gente se gastase la pasta en el Remastered. En cualquier caso la versión Remastered es «más fácil» y tiene la ventaja de que puedes correr, cosa que en la de 360 no ocurría.

      Y bueno no me lío más que es ponerme a hablar de esta mierda y no callar. Si algún día te animas ya me irás contando. Un saludo y un besete 🙂

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