Dark Souls II… ¿El «Paquirrín» de From Software?

Continuamos con esta especie de «Primavera del Corte Inglés» versión «Souls», solo que en este blog se trata de una primavera de laceración, evisceración y muerte en honor a Miyazaki, para hablar del que es el patito feo, la pasa del combinado de frutos secos, dentro del universo Souls de From Software. Repudiado por una inmensa mayoría, enaltecido hasta los cielos por unos pocos, lo que está claro es que este Dark Souls 2 termina dejando con el culo torcido a todos los que lo juegan, bien sea para bien o para mal. Debido a las opiniones encontradas que suscita y a las cálidas trifulcas que se montan cuando se habla de este juego, he decidido incluir a Dark Souls 2 en la sección de «¿Tan malo es…?«. Tampoco es que esto vaya a importar una mierda de cara al esquema que tengo preparado para la entrada, pero pienso que si hay un videojuego que merece estar dentro de dicha sección es este. No voy a entrar en las pijadas de que si no lo desarrolló Miyazaki y «blablabla» que siempre salen a la palestra cuando se habla de este título porque ya sabéis que entre mis prioridades no se encuentra la de informar. Simplemente decir que he jugado a Dark Souls 2 en su versión «Escolar (que no Erudito) del Primer Pecado», que aunque suene a título de película de porno duro no es más que el nombre que recibió una versión mejorada y algo «cambiada» del juego que salió a modo de «Edición GOTY» tiempo después de la original ¿Y por qué da tanto que hablar este juego? Porque, especialmente si vienes de su predecesor, es un título raro de cojones. Tan raro como el hecho de que con una de las armaduras más pesadas y tochas del juego, el set del «Demonio de la Fundición», el personaje va con el ombliguillo al aire tal y como lo llevaba Britney Spears en el videoclip de Barbie Girl (Menudo mindfuck os acabo de hacer). Pero desmenucemos este título poco a poco…

Ese ombliguín y esa cara con aspecto de ano, no sé que pensaréis vosotros, pero yo creo que dan para paja.

Cuando empezamos con Dark Souls 2, tras la creación del personaje y tras ver la críptica cinemática en la que una anciana chunga y mellada nos habla de cosas mórbidas y oscuras, lo primero que nos da el juego es un puñetazo en el ojo derecho: Dark Souls 2 es feo con avaricia en lo que a gráficos e interfaz se refiere (Y eso que he jugado a la versión «mejorada»…). Aunque con el tiempo te acostumbras, al principio esos gráficos son como sumergirte en agua fría, ya que el primer impacto te deshaucia el escroto y los huevos te migran a la campanilla. Menudo bofetón me llevé por jugarlo después del Remake de Demon’s Souls. Lo cierto es que gráficamente me cuesta compararlo con el primer Dark Souls pues apenas recuerdo como era este antes de su versión «Remastered», pero diría que con lo poco que vi de este juego en su día ya me llamo la atención que esta segunda parte se veía peor que la primera. Acomodada la retina a unos gráficos pochos cual lechuga pasada y los oídos a una banda sonora que ni suma ni resta, poco queda más que decir respecto al apartado técnico salvo que Dark Souls 2 tiene un buen rendimiento y que el juego de «luces y sombras» que aporta la antorcha, prácticamente imprescindible en determinados escenarios, está bastante bien trabajado (Mecánica que suele tocarme bastante el cipote en este tipo de juegos pero que hoyga, aquí ni tan mal).

Dark Souls 2 se ve pocho y raro de cojones.

En la línea de unos gráficos pochos tenemos un diseño artístico que no defrauda en «pochez». Para encontrar un escenario que te deje con los huevos tocando el suelo has de esperar hasta prácticamente el final del juego con el «Torreón de Aldia» o el «Castillo de Drangelic», que aún así aprueban por los pelos, y ya si hablamos del diseño de los jefes… Diría que prácticamente ninguno se salva y es que tiene delito que un par de semanas después de haberme pasado el juego no recuerde cómo era el diseño de la mayoría de jefes del juego. Desde el primer jefe, que es un mojón oscuro de patas largas, hasta la parca de Hacendado, que es el último, pasando por los mil y un caballeros clónicos ninguno de ellos te hace soltar un «¡La mierda tío! ¡Vaya pasada!». Si bien es cierto que mecánicamente algunos son bastante originales y curiosos (¡Ojo! Que no resultones…), como por ejemplo la «medusa» de la poza de veneno, la congregación del Gamepass, ¡Ups!, disculpad el desliz porque quería decir la congregación de las ratas, y el carromato de Ben Hur versión esquelética, ninguno de ellos logra tener ese carisma, bien por diseño, por reto o por mecánicas, que hace que se te quede grabado en la memoria tal y como ocurre en otros títulos de From Software, especialmente en el primer Dark Souls

Ya que he abierto el melón del diseño jugable con los jefes creo que es un buen momento para hablar del diseño de los escenarios. A diferencia de su predecesor, los escenarios de este Dark Souls 2 se organizan de una forma que recuerda en cierto modo a Demon’s Souls ya que desde un nexo central, Majula, se extienden como grandes ramales independientes conformando el mundo de Drangelic. Está claro que Dark Souls puso el listón muy alto en este aspecto, demasiado alto incluso diría yo, y desde mi punto de vista ningún juego posterior de From Software ha logrado transmitir lo que se consiguió con dicho título (Ni mi veneradísimo Elden Ring). Pero lo de este Dark Souls 2 es, cuando menos, aberrante. A esa pochez y a esa falta de carisma que comentaba con anterioridad se suma una incoherencia de tres pares de cojones en lo que a hilar escenarios se refiere. Pensaba que la gente exageraba en este aspecto pero solo hay que jugar para ver que la factura del peyote que ruló aquellos días por las oficinas de From Software no la terminaron de pagar hasta que sacaron Dark Souls 3. Y no, no solo se trata del lago de lava en el que apareces tras subir por el ascensor de una torre…

El escenario de lava de la discordia (¿Menudo «Espadón» se gasta el colega de la imagen, no?)

Continuando en el ámbito de la jugabilidad «bruta», Dark Souls 2 es un calco de su predecesor y de Breath of the Wild pero con algunos matices. Hay en concreto una mecánica que, si bien es excelsa desde el punto de vista narrativo e inmersivo, a nivel jugable da más por culo que una fisura en el ano: hablo de la transformación en «Hueco». De una forma que recuerda a lo que visto en Demon’s Souls, en esta entrega cada vez que el personaje muere va progresando su transformación en «hueco», de tal modo que tras cada deceso su aspecto físico se ve deteoriorado, hasta alcanzar la flacidez de un prepucio lívido por el frío, y paralelamente su vida máxima también se ve reducida hasta alcanzar, más o menos, la mitad del total tras acumular varias muertes. Esto mola por todo el rollete argumental de que cada vez que los «huecos» mueren pierden humanidad y «blablaba», pero no deja de ser una putada bastante penalizante en un videojuego en el que el ensayo y error es la norma y en el que el personaje parece que viva en un programa de «1000 maneras de morir». Si bien este estado es reversible utilzando un objeto, este objeto es relativamente escaso especialmente en los compases iniciales de la aventura que es donde más por culo da este desagradable handicap.

Cuando te dejas la lechuga fuera de la nevera. El «hueco», sublime en lo narrativo y un dolor de huevos en lo jugable (Hasta las imágenes que encuentras en el internet tienen mala calidad).

Esto queda reflejado en una curva de dificultad y aprendizaje un tanto injusta al inicio del juego pero que, una vez superados los primeros niveles, tiene un ajuste que me atrevería decir que es prácticamente perfecto (Solo con decir que en mi caso el bosque inicial del juego me supuso unas 5 horas que se traducirían en un 20% del total de horas que me duraría el juego, unas 25 horas para los que se os dan como el culo las matemáticas). Esto queda muy lejos de esa dificultad «desmedida e injusta» que he leído que se le atribuye por ahí (No os creáis lo que dicen los barbas de internet y tuiter). No negaré que haya podido influir en mi experiencia que haya usado la típica «build todoterreno» de armadura pesada, escudo pesado y espadón gigante cual tula de Blackzilla, build que se caracteriza por ser especialmente contundente en los compases medio-finales del juego en pos de un arranque un poco gripado. Que no se os olvide porque el dato es importante: armadura pesada enseñando ombliguito.

Otra mecánica que toca mucho los cojones es la del deterioro y ruptura del equipo que si bien estaba presente en entregas previas, en este Dark Souls 2 se ve un tanto exagerada, llegando a ser una preocupación real y molesta para el jugador (En mi caso hasta tuve que equiparme un anillo de cara al final del juego que frenaba dicho deterioro). Pocas mecánicas se me antojan tan porculeras y tan poco queridas por los jugadores como esta, especialmente cuando hay algunas zonas y algunos enemigos que se dedican exclusivamente a romperte el equipo. Aunque cada vez que se descansa en una hoguera el equipo desgastado se restaura, si este llega a romperse por completo hay que acudir al herrero para que lo repare y el tío es un usurero de cojones que te cobra una pasta por cada reparación, especialmente si lo que se ha roto es un anillo. Pero no todo es una escaldadura en los genitales jugablemente hablando pues mecánicas como el teletransporte entre hogueras desde el inicio del juego son de agradecer y el hecho de tengamos varios objetos curativos y de que los «Estus» se consigan y mejoren mediante la recolección de coleccionables (Algo que heredarían Dark Souls 3 y Elden Ring) me parecen un acierto.

Por último, si nos centramos en el tema argumental pues tenemos el «bacalao» propio de los Soulslike de From Software y lo normal es ir más perdido que un piojo en la cabeza de un calvo: diálogos crípticos, secundarias sin pies ni cabeza, NPC que desaparecen porque sí… Sin ir más lejos, yo tras pasarme el juego no me había enterado de una mierda más allá de que tenía que reventar a todo ser viviente para convertirme en un usurpador que pudiese plantar su pino en el trono de Drangelic. Eso por no mencionar la escasa o nula relación que tiene con el primer videojuego. Aunque hay por ahí algunos «comíos» que han sacado teorias que relacionan el mundo de Dark Souls 2 con el de la primera y la tercera entrega, de visu y para el jugador de a pie cada uno es hijo de su padre y de su madre, tal es así que este Dark Souls 2 podría llamarse tranquilamente «La Paja chunga de From Software» y hay quienes incluso lo consideran no canónico, aunque esto último no es cierto. Y sí, personillas molestas como un grano en el culo, todos sabemos y está claro que hay mucho lore compartido con todo el tema de los «huecos», la «señal oscura», la «llama» y «blablaba»…, pero mesentienda que la relación esta bastante cogida por los pelos a diferencia de lo que ocurre con Dark Souls 1 y 3.

«Entonces, bueno y sabio Arald, adalid de las causas perdidas, es un mal juego Dark Souls 2, ¿verdad? Porque lo has puesto a caer de un burro…» ¡Alto ahí pichablanda! El juego es feo y raro de cojones pero yo me lo he pasado de putísima madre repartiendo mandobles a diestro y siniestro con mi tan queridísimo guerrero gordelas de tula prominente. Sé que puede parecer contradictorio ya que he puesto a Dark Souls 2 casi a la altura de un pedo mal digerido, pero ya sabéis que soy un truhán y un virtuoso del verbo y que pese a resaltar todas y cada una de las cosas negativas del juego me he guardado para el final el troncho gordo de la coliflor: la «experiencia global». Sé que últimamente cuando escribo sobre algunos videojuegos se me llena la boca con esta mierda pero es que creo firmemente que es un sinsentido criticar algo de forma desgranada cuando el conjunto de las piezas, que no deja de ser el objetivo a la hora de disfrutar de un videojuego, funciona de una forma más que notoria. No conocía prácticamente de nada Dark Souls 2 y lo cierto es que me he divertido mucho explorando cada rincón de sus escenarios e ingeniándomelas para sodomizar con mi «Ultra-Espadón» cada enemigo que me salía al paso en una experiencia de «descubrimiento» y «superación» que nada tiene que envidiar a la que he sentido con otros títulos de la «franquicia Souls».

En líneas generales, Dark Souls 2 termina siendo un juegazo. Eso sí, no lo compares con sus hermanos.

Por tanto, si bien Dark Souls 2 parece una amalgama un poco chunga de lo visto en Dark Souls y en Demon’s Souls y si lo comparamos con sus hermanos parece el «Paquirrín» de la franquicia, lo cierto es que es un muy buen juego que recomendaría encarecidamente a los aficionados del género y que considero imprescindible si realizáis un peregrinaje, tal y como he hecho yo las últimas semanas, por los distintos «Souls» de From Sofware. No caigáis en el error de obviarlo por ser el «diferente», el «hermano feo» o por parecer de entrada una especie de verruga genital, pues os estaréis perdiendo un magnífico videojuego. Por tanto NO, no es tan malo, y como prueba irrefutable de ello os dejo este clarificante reparto de champiñones:

Balance Final: MQ / M / F

Y como no podía faltar, pasemos a la entrega de galardones:

Y la eterna pregunta… ¿Merece la pena pena no reparar el equipo en el puto herrero y ahorrar de este modo almas y pelas para poder comprar Dark Souls 2?

2 comentarios sobre “Dark Souls II… ¿El «Paquirrín» de From Software?

  1. Después de pasármelo recientemente y leer tu análisis hay cosas en las que ando de acuerdo y cosas que no. En primer lugar creo que tanto en coherencia de mundo, lore y diseño esta flojete cómo mencionas, al igual que la mecánica de destrucción de equipo también me parece una castaña, pero oye, por lo demás todo bastante bien. Sin duda es uno de los Souls más fáciles que he jugado y lo atestiguan las primeras 10 horas que le di, que me llevaron a la mitad del juego en na, por lo demás aunque muy falto de carisma, hay algunos bosses bien planteados, aunque reciclen elementos del primer Souls.

    Al final más que difícil es injusto algunas veces por sus problemas de diseño y si sabes como paliarlo se hace un paseo, llevar objetos adecuados (Como por ejemplo para paliar la perdida de salud en Hueco) o bien emplear determinados consumibles en momentos dados (Creo que soy el único que acabe con 40 Efigies humanas en una partida ¿No?) le restan mucha complejidad, fuera aparte de todo el tinglado de que si matas enemigos constantemente y reseteas el área acaban desapareciendo o las invocaciones, que exceptuando algunas muchas son fáciles de conseguir y te suavizan también mucho algunos Bosses mal planteados, como la piba esa de la guadaña.

    En definitiva, lo que quiero decirte, es que pese a todo lo dicho, al igual que a ti me molo el juego, diría más que incluso el 3, pero en definitiva, dada su naturaleza y varios cagadones, no se lo recomendaría a todo el mundo, pero oye si te molan la saga o el género es un buen tentempié.

    No me extiendo más, que se queda esto aún MÁS largo, gran entrada, un beso 😀

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    1. ¡Gracias por pasarte a comentar Spi! Lo cierto es que coincidimos bastante en todo lo que comentas. A mí al principio se me enquistó un poco, más después de venir de jugar Elden Ring y el mago de Demon’s Souls, experiencias totalmente opuestas a un Dark Souls clásico. Pero bueno, superado ese traspié inicial el resto del juego invocando y volando XD Lo de que desaparecen los enemigos al farmear ni caí en comentarlo en la entrada porque creo que nunca se me llegó a dar el caso y lo de que las invocaciones aparecen y desaparecen según lo que mueras tampoco lo sabía la verdad.

      A mí en líneas generales también me pareció buen juego, con cagadas que surgen a veces más por comparación con DS1 que por otra cosa, y no descarto rejugarlo en un futuro, pero como bien dices es un poco café para cafeteros. En mi caso sí que prefiero DS3 a DS2, más que nada por las pijaditas de lore y por el diseño de los escenarios.

      Gracias por comentar Spiguelete. Un besico.

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