Demon’s Souls y… ¡El Mago que se garchó a todes con su tremebunda Varita!

Atendiendo a lo que se vendrá en esta entrada, me ha sido inevitable no hacer alusión en el título de la misma al mítico «Bananero» con su «Harry el sucio Potter», fuente de inspiración y legado de frases míticas para toda una generación. No han pasado ni dos telediarios desde que escribí sobre que había completado Elden Ring y ya estoy haciendo lo propio con Demon’s Souls Remake y es que la experiencia con este segundo ha sido más fugaz que el abrazo de un suegro (O que un pajote a mano cambiada, no descuidemos el falocentrismo del blog). Puede que el hecho de haberlo jugado al lado de un Mandingo tan extenso como lo es Elden Ring haya hecho que haya hecho de menos a Demon’s Souls, pero sii bien la experiencia no ha sido tan breve como la de ¡GRIK!, he de decir que el protagonista de la entrada me habrá durado unas diez horas. Pero la fugacidad de este encuentra tiene una explicación: el rol de mago, portador de la varita astral, ladrón de inocencias y destructor de ortos, pero tampoco adelantemos acontecimientos…

La idea de jugar a Demon’s Souls la tuve tras pasarme Elden Ring pues me envalentoné con el género. Después de pasarme mi primer Soulslike en años, me vine arriba y decidí ponerme con aquellos Soulslike que por motivos vitales y paternales había dejado en la recámara. Decidí empezar por el primero, Demon’s Souls en su versión de PlayStation 5, el cual tuve la tentativa de pasarme hace unos meses pero que dejé a las pocas horas tras una sesión de juego que únicamente podría definir como caótica y desastrosa. Tener niños pequeños en casa y jugar a un Soulslike sin opción a pausar el juego es una lotería de muerte y sodomía… No obstante, este segundo intento sabía que iba a ser diferente, gracias a que traía la tula oronda por la confianza de haber completado Elden Ring y a que me sentía capaz de doblegar la curva de aprendizaje-tiempo de juego debido a mi nueva rutina de vicio y trasnochamiento límite. Esto y que, tras el empacho de personaje tosco con Elden Ring, decidí afrontar Demon’s Souls con el rol de mago.

El Caballero de la Torre me encanta como jefe, pero me crujió tantas veces que abandoné frustrado el juego. Meses después, sería su culo el que se sometería a juicio gracias al poder de la magia.

¿Por qué le estoy dando tanta pomada al tema de utilizar un mago? Porque la experiencia de juego en Demon’s Souls se embadurna mucho con vaselina cuando empiezas a reventar hasta al primo segundo de Miyazaki con flipendos y magias Piro ++. Decir que el mago se pasa solo el juego tiene más de cierto que de esperpento, pues no por nada dicen que jugar con un mago es jugar al «modo fácil» de Demon’s Souls. Yo que venía con miedo después de que en mi anterior intento con el soldado de armadura pesada, mi rol favorito dentro de estos juegos, el Caballero de la Torre me hiciese la del pincho moruno con la lanza y me dejase los huevos hechos puré Maggi con los golpes de escudo, el utilizar magias y ver como lo reventaba sin piedad, a la primera y sin esfuerzo, me resultó cuanto menos chocante ¿Soy un puto pro del averno o es que el mago está roto? Lamentándolo por mi modesto ego, diría que es más cosa de lo primero. El curtirme en Elden Ring ha hecho que este mamadísimo, desarrollando una maestria y una genitalidad en este género que hace que sea capaz de hacerme un Sekiro No-Hit de dos horas mientras me rasco los huevos con una mano y con la otra frío unos nuggets. Si no hago un video y lo subo a Twitter es porque no quiero humillar a nadie ni tampoco partirle el corazón a ningún Soulsbro.

¡TREMENDA VARITA SE GASTA ESE MAGO!

Como habréis podido intuir, el mago está un poco desbalanceado… (Cada vez que escribo «el mago» no puedo evitar recordar una canción de la época de la música máquina, el hardcore y los «mascachapas» en la que, tratando de adaptar de forma muy acertada el cuento infantil de Aladdin, repetían constantemente entre estridentes sonidos metálicos la frase «el mago». Que tiempos de buena música y nieves de verano eran aquellos…). Tras este inciso tan necesario volvamos al lío. Que la clase mágica sea tan poderosa en el juego pienso que no es más que el reflejo de que se trata del primer Souls, lo que lógicamente implica una menor experiencia de desarrollo que en los títulos que vendrían a posteriori. En entregas posteriores parece que se dieron cuenta de esto e intentaron arreglarlo ya que si bien los magos siguen siendo bastante poderosos, el diseño tanto de escenarios como de enemigos hace que no tengan tanta ventaja como en este primer Demon’s Souls.

No hay que jugar más que unos minutos con un mago para ver que con magias te garchas sin piedad y sin vaselina a todo ser viviente del universo de Demon’s Souls.

Por tanto, si queréis jugar a Demon’s Souls en modo fácil solo tenéis que elegir la clase «Aristócrata» y a volar ¿Por qué esta y no «Mago» si por su nombre parece más mágico si cabe? Porque el «Aristócrata» es un mago pijo que trae de base objetos bastante más poderosos que el perroflauta del «Mago» tradicional, en especial un anillo que aplica regeneración automática de puntos mágicos lo que al inicio, cuando los objetos de curación escasean, marca la diferencia. Posteriormente este anillo ya no será necesario porque puedes ir hasta el culo de pócimas y ungüentos que regeran los puntos mágicos, aunque esa regeneración pasiva que ofrece el anillo se agradece cuando tienes que dejar al personaje escondido en alguna esquina mientras vas a atender a tu hijo porque ha tenido una pesadilla o quiere un vaso de agua. Tecnicismos a parte, el poder de la magia y la contundencia de la varita es algo que queda patente desde los primeros compases del juego, cuando arrasas con toda criatura infecta que intenta echársete encima y cuando no eres siquiera capaz de recordar las mecánicas de los jefes porque te has sorbido su vida lanzando hechizos sin siquiera darles tiempo a que desplieguen su artillería. Esta ventaja se mantiene durante toda la aventura, en especial cuando se desbloquean la «Bola de Fuego» y el «Rayo de Alma», que serían las versiones mejoradas de los hechizos básicos. Aquí de nuevo queda patente la incongruencia de la magia en Demon’s Souls ya que, aunque la colección de hechizos asciende aproximadamente a la veintena, únicamente los dos mencionados (y sus versiones menores) tienen una verdadera utilidad práctica, pues el resto de hechizos quedan como algo anecdótico y, desde mi punto de vista, innecesario. Lo mismo ocurre con las armaduras y armas ya que, al menos en mi caso, he mantenido la misma equipación durante todo el juego, cambiando únicamente el estoque inicial por una espada que escalaba con daño mágico. Si bien esto es reflejo de las limitaciones de una primera entrega, en la que la variedad de habilidades, mecánicas y equipamento es comprensiblemente menor que en sus sucesores, queda un poco raro que en un RPG lleves la misma ropa todo el juego. Al final mi mago llevaba los calzones de terciopelo con costra en la entrepierna por culpa del «éxtasis mágico» y de no ducharse en todo el puto juego. Mea culpa pues tengo entendido que podría haber optado a unos ropajes mejores, pero no supe cómo acceder a la zona donde se consiguen.

Así es como sin pena ni gloria, mi mago se paseó por los distintos mundos que ofrece Demon’s Souls y se garchó a toda criatura viviente sin despeinarse. Y menos mal que fue así porque este título tiene algunos conceptos bastante criminales… A diferencia de sus sucesores, Demon’s Souls tiene un modo de organización de escenarios que recuerda a los clásicos videojuegos de plataformas: desde una zona que sirve como eje central, el Nexo, el jugador podrá visitar un total de cinco mundos. Cada uno de estos mundos cuenta con sus respectivas «fases», coronadas por el enfrentamiento contra un jefe. El problema radica en que desde el inicio de cada una de estas fases hasta una vez derrotado el jefe no hay un solo puto punto de control lo que, en determinados momentos, puede llegar a ser jodidamente tremebundo (Y lo dice alguien que ha jugado con la ventaja del puto Mandingo para pasarse el juego a golpe de tula mágica). Recuerdo con especial temor un área que se llama «El Camino del Ritual», ritual mediante el cual terminas con el culo vermellón, la cual tuve que repetir mil veces hasta que conseguí llegar y derrotar al jefe en cuestión. Para que os hagáis una idea, dicho camino es como un viaje en ácido por el estrecho borde de un precipicio en el que esqueletos sonrientes te intentan sodomizar mientras unas manta rayas voladoras de alucine te disparán lefazos verdosos y una especie de espectros te lanzan rayos láser que se cruzan toda la amplitud de la pantalla para partirte por la mitad. Como colofón a ello, la antesala al jefe es una cueva, llena de babosas que escupen mierda, en la que hay una especie de orbes blancos volando que explotan al contacto y cuya explosión, os puedo asegurar, convierte a un mago con su frágil armadura en un salpicón de mierda con un solo impacto. Todo esto aderezado por supuesto con un «Karma Negativo» que hacía que los enemigos fuesen más fuertes si cabe. Y es que no lo había dicho pero en Demon’s Souls existe una especie de «Karma», que no me preguntéis cómo cojones se llama pues no lo recuerdo (Ya sabéis, aquí en Save Game? todo está bien documentado y estudiado antes de escribir una entrada), que influye en la letalidad y en las recompensas de los enemigos. Yo de esto no tenía ni puta idea hasta que llegué hasta este punto del juego y pude ver, con terror, como cada vez que moría la cosa se ponía más jodida. El ano de mi mago estaba siendo mancillado con dilatadores cada vez de mayor tamaño y no entendía muy bien a qué era debido. Y es que resulta que cada vez que mueres en «forma humana» la barra «Karma» se jode, y yo aquí morí como un millón de veces. Para recuperar dicho «Karma», si mal no recuerdo, hay que hacer cosas en multijugador, que yo no lo tenía activado, o derrotar a algún jefe, al cuál era incapaz de llegar porque me violaban de forma muy truculenta por el camino. Sin duda una encrucijada bastante chunga que, sin exagerar, diría que me costó más muertes que si sumara todas las veces que me mataron en el resto de zonas y jefes que tiene el juego.

El «Camino del Ritual» es, desde mi punto de vista, la zona más hijoputesca de Demon’s Souls con diferencia. Más incluso que el puto pantano de veneno.

A colación de lo comentado sobre la «forma humana», para los que no conocéis el juego, en Demon’s Souls cada vez que mueres no solo pierdes todas las almas acumuladas (Recuperables por supuesto) sino que cuando renaces lo haces con una «forma de alma» que cuenta con el handicap de tener la mitad de la vida total del personaje. Esto se puede paliar o bien con un anillo, que hace que la pérdida de salud no sea tan marcada, o bien utilizando un consumible, que no abunda en exceso que digamos, que nos devuelve a la «forma humana». Todo este compendiendo de mecánicas chungas, sumado a las constantes situaciones en las que un enemigo hijo de puta te espera detrás de una esquina para hacerte escupir el bazo de un susto, hacen de Demon’s Souls un videojuego jodido de cojones y con muy malas intenciones. Por suerte, tenemos a los magos como contrapunto a este capazo de putadas ya que son capaces de salvar los muebles con gracilidad, tal y como lo hace ese negro zumbón que en una película porno aparece en escena en el momento oportuno para salvar la situación cuando un pichafloja es incapaz de satisfacer los deseos de la madurita tetona de turno (La similitud del argumento de las películas pornográficas con la esencia ludonarrativa de los videojuegos da para análisis, debate e incluso libro). La verdad es que, de haber utilizado una clase diferente, como el típico guerrero de armadura pesada y gran espadón puesto hasta arriba de esteroides que es lo que suelo utilizar en este tipo de juegos, pienso que probablemente no hubiese llegado a completar el juego, en especial por culpa de la repetición agresiva de escenarios al no disponer de a penas puntos de control.

En cuanto al diseño de escenarios me ha parecido muy resultón. Los escenarios sombrios, laberínticos y claustrofóbicos están en el menú de todas las áreas a visitar. Pese a utilizar a un todopoderosísimo mago de la vida y el fuego, este diseño de escenarios, sumado a las múltiples trampas y emboscadas mortales y a la putada de que al morir te mandan a Cuenca y te toca hacer callo en el pinrel recorriendo el escenario desde cero, hace que muchas veces sientas cierta sensación de agobio que muy pocos videojuegos del género son capaces de emular. Esa sensación de tensión y de agobio para mí formaban parte del juego y las disfrutaba, aunque puedo entender que haya cobardes a los que le eche un poco para atrás esto. En cuanto al diseño y mecánicas de los jefes poco puedo decir, pues como comentaba me los he zumbado prácticamente a todos de primeras con la agresividad y la alevosía propias del mago. Suñalar como preferencia personal, por su diseño artístico, al «Caballero de la Torre» y al «Dios Dragón», mi favorito. Respecto a este segundo subrayar que, al tratarse de un «jefe puzzle» que no se dejó meter fácilmente la varita mágica por el culo y que no reventé como al resto a chupinazo limpio, el enfrentamiento me pareció bastante interesante en cuanto a mecánica y en cuanto al desafio que supone. Me pareció muy divertido el tener que ir avanzando por el escenaro escondido para que no me viese, ya que en caso de verte te calza un puñetazo que te hunde en la miseria.

Si el diseño y el enfrentamiento contra el Dios Dragón son la hostia se dice y punto.

Respecto al apartado gráfico y técnico no puedo hablar más que bondades de este Remake. Gráficamente se ve espectacular y muy fluido, algo de lo que la versión original, según tengo entendido, no puede presumir en absoluto… Con el sonido tres cuartas partes de lo mismo. La música me parece muy bien escogida y hay enfrentamientos en los que es una auténtica pasada. A nivel de rendimiento no he tenido ni un solo problema.

A nivel gráfico y de diseño han hecho un trabajo impecable en este remake.

Como experiencia general, con algún que otro pero, lo cierto es que he disfrutado mucho este Demon’s Souls (Una vez inicias la pajuela de los Souls creo que ya te flipa cualquier videojuego que pruebes del género). No negaré que el videojuego me ha parecido corto y que me esperaba más en algunos aspectos, pero lo cierto es que la experiencia dando volteretas con el mago garchador y quemándole sin piedad las pelotas a los enemigos con magias de fuego me ha parecido de lo más divertida. Diría que el principal problema que he tenido con el juego ha sido el haber jugado previamente a juegos más modernos de From Software porque, aunque sé que es injusto y no seré el gilipollas que critique el juego por esto, son inevitables las comparaciones con videojuegos posteriores, lo que hace que algunas mecánicas y conceptos rasquen por el simple hecho de que la fórmula se mejoró con el tiempo.

No tenía pensado en un principio darle champiñones alucinógenos de valoración a Demon’s Souls, pero me siento generoso y como no quiero retocar la entrada ya escrita voy a enumerar los distintos apartados que pienso que deberían incluirse en tan objetivo e irrefutable reparto fúngico:

  • Experiencia Global
  • Argumento y Narrativa
  • Jugabilidad en General
  • Jugabilidad en Particular
  • Tremenda Varita tiene el Mago
  • Jefes
  • Diseño de escenarios y de niveles
  • El Mago que se garchó a la vida
  • Mi querídisimo Dios Dragón
  • El putísimo camino ritual al infierno
  • Apartado técnico
  • Millasaki TKM

Balance Final: 4 / 3 / 5

Dentro de esta «primavera con Miyazaki» que estoy viviendo estas semanas, tan metido en el mundo de los Soulslike de From Software, estoy disfrutando muchísimo de títulos que hace unos meses, por cuestiones personales y de organización vital, siquiera me atrevía a probar. Y lo que me queda, pues mientras escribo esta entrada estoy dándole duro a Dark Souls 2 y por el momento tengo pensado continuar con el mismo género durante una temporada. Maldita droga… Pero volviendo al núcleo de la entrada: Demon’s Souls Remake me parece la oportunidad perfecta para conocer los orígenes de este fenómeno Souls que desde hace una década está arrasando en el mundo de los videojuegos. Si bien es cierto que puede resultar en algunos aspectos un tanto chocante para aquellos que estamos acostumbrados a los Souls más modernos, lo cierto es que la base y la esencia están ahí, haciendo de Demon’s Souls una experiencia totalmente disfrutable hoy en día.

Para ir cerrando, pasemos pues a la tan esperada entrega de galardones:

Y a la eterna e inescrutable pregunta… ¿Merece la pena timar dinero haciéndose pasar por mago para ahorrar unas pelas y así poder soltar la gallina y comprar Demon’s Souls Remake?

4 comentarios sobre “Demon’s Souls y… ¡El Mago que se garchó a todes con su tremebunda Varita!

  1. La vida es bonita con el mago, hasta que llevas tiempo sin jugarlo y al volver lo juegas como un señor con espadita, entonces ahí empiezan los problemas…

    Por lo demás, muy buena reseña de la vari… digo del Demon’s Souls, cómo ya te comenté por telegram, al final acabé dropeandolo bastante por todos los puntos negativos que mencionas y es lo que no ha conseguido que me lo termine pese a todas las partidas que le he echado a lo largo de tantos años, más viniendo de otros souls, especialmente de primer Dark souls que es una autentica maravilla.

    Supongo que cuando me vuelva a dar la picada le daré la enésima oportunidad, aunque la prefiero en PS5, eso o tirar de Nioh o el segundo Dark Souls 2, según me de el venazo…

    Me despido como siempre con un saludo, un besito y una recomendación de que revises el primer párrafo del texto xDDD

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    1. ¡Muchas gracias por pasarte y por comentar buen Spi! Mi respuesta llega algo tarde pero llega XD El problema del Mago es que si estás acostumbrado a jugar cuerpo a cuerpo es difícil quedarte manteniendo las distancias y quitarte la manía de exponerte a melee, si a eso le sumas las poco family-friendly mecánicas de Demon’s Souls se produce un cocktail difícil de digerir. Pero no desfallezcas Spi, si algún día te apetece retomarlo en el futuro en ese enésimo intento te recomiendo que lo hagas con el mago porque cuando le coges el truco es verdaderamente divertido y merece bastante la pena. El Dark Souls 2 no sé si lo has probado pero también es bastante chocante después de jugar al DS1 y al DS3. Esta bien pero rasca un poco XD En cuanto al Nioh… Ya sabes que por tu culpa lo he comprado y caerá en un futuro próximo.

      Sobre lo de revisar el párrafo no te digo nada porque la parte esencia de este blog son las faltas de ortografía y las cagadas gramaticales por no revisar el texto XD

      ¡De nuevo gracias por pasarte Spi! ¡Un saludo!

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  2. Tremebunda entrada Arald, como de costumbre XD adoro tu falocentrismo y las referencias a Harry el Sucio Potter que marcaron mi adolescencia tardía (si es que en algún momento se puede decir que haya superado la adolescencia).

    La he disfrutado más aún si cabe puesto que, como bien sabrás, me hallo inmerso en la misma aventura que tu te fundiste recientemente a base de tula mágica, con la salvedad de que yo estoy abusando de mi lanzatula que tan bien me está funcionando.

    Por fin entiendo la fama de los Souls, esto es de las drogas más duras que me he encontrado en los últimos años.

    Quién sabe si algún día me da por probar con un mago, de momento soy feliz con mi fornido soldado XD

    Muy buena tío, cada vez mejor.

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    1. ¡Muchas gracias por pasarte a comentar Susete! El Bananero es un referente que ha marcado a fuego nuestras vidas, sabía que tu no ibas a ser distinto 😀

      Varita tula, lanzatula, espatulón… Con cualquier build los Souls son unos juegazos. Siempre tendrás la posibilidad de rejugarlos y vivir la experiencia desde otro enfoque porque por todo lo que me has ido comentando está claro que nada tiene que ver el jugar con un mago que el jugar con una clase cuerpo a cuerpo.

      Droga, droguísima, que te voy a contar… XD Gracias por pasarte Suso y estoy deseoso de leer esas impresiones iniciales del Demon’s y más sobre tus peripecias en la saga Souls. Un saludo hermoso.

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