Cuestión de Ritmo: TLOU Parte II y HunterXHunter

Da la casualidad de que últimamente he tenido que lidiar con dos productos audiovisuales, uno un anime y otro un videojuego, en los que una tropelía con su ritmo narrativo ha hecho que, desde mi punto de vistas, éstos no alcanzaran la excelencia. Tras esto no puedo evitar hacerme la siguiente pregunta: ¿Cuán importante es el ritmo narrativo de una obra? Voy a hablar en la siguiente entrada del anime HunterXHunter y del videojuego The Last of Us Parte II los cuales, pese a considerarlos productos excelentes, pienso que fallan en el sentido del ritmo narrativo. Recordad que esto no deja de ser una opinión personal.

Entendamos el ritmo narrativo como la forma en la que se presentan una serie de sucesos que constituyen una obra. Supongo que todos estaréis de acuerdo conmigo en que la forma en la que se cuenta el argumento de una obra es algo capital, diría yo que hasta el punto de equipararse al mismo contenido de dicho argumento. Es decir, una obra puede tener un material excelente pero un mal uso del mismo puede empañar su calidad llegándolo a hacer incluso mediocre. No pienso que ninguna de las dos obras de las que voy a hablar sea mediocre, más bien todo lo contrario. No obstante, he de reconocer que un ritmo narrativo en algunos segmentos de su desarrollo me sacó por completo de mi disfrute por las mismas.

En primer lugar estaría HunterXHunter, un anime de aventuras y acción que en sus inicios hizo que recordara esas aventuras, como Dragon Ball, que hicieron que me enamorara de la animación japonesa. Y entre aventuras y combates, con una fluidez que hacía que te quedaras pegado a la pantalla y que los capítulos se hiciesen verdaderamente amenos, se me pasó volando prácticamente la primera mitad de unos ciento cincuenta capítulos. Llegados a este punto empezaba el arco de las Hormigas Quimera, un arco que duraba aproximadamente la misma cantidad de capítulos que había visto hasta la fecha y que comprendían cinco arcos argumentales si no me equivoco.

En este punto la serie sufrió lo que yo denomino “Síndrome Oliver y Benji”, muy propio de los anime de este corte. Aunque algo de esto se intuía en los arcos previos era aquí donde para mí se hizo verdaderamente patente. Los capítulos dejaron de ser fluidos y se empezaban a necesitar cinco capítulos para que el argumento avanzara lo que previamente se conseguía con uno o dos capítulos. Recursos como subtramas absurdas, escenas alargadas hasta la saciedad, abuso de recursos como los flashback… estaban a la orden del día. Reconozco que el arco de las Hormigas Quimera tal vez posea los personajes mejor escritos y algunas de las mejores escenas de la serie, pero este enlentecimiento de la narración le hace un flaco favor. El insulto y la gravedad de esto es tal que en medio del combate que llevabas esperando dese hacía más de treinta capítulos, cuelan un capítulo de relleno sobre un personaje secundario que sinceramente a nadie le importa. Un verdadero despropósito que en mi caso hizo que el anime cayese de ese puesto en el Olimpo que se había ganado muy meritoriamente con la primera mitad de la serie.

Ese “alargamiento artificial”, que también sufren tantos videojuegos, desde mi punto de vista es algo que puede llegar a arruinar una obra. Alargar una obra innecesariamente no es algo positivo. Mayor duración no es mejor y pienso sinceramente que los consumidores de productos de entretenimiento audiovisual deberían exigir mejores calidades en vez de cantidades. El dicho “lo bueno, si es breve, es dos veces bueno” creo que tiene una aplicación clara en este debate.

Y ahora hablemos del polémico The Last of Us Parte II (TLOU II). Después de completar y digerir el título una de las principales preguntas que me hacía era el por qué si consideraba esta segunda parte mejor a su predecesora, prácticamente en todas las esferas, no me había dejado tan buen sabor de boca. Dejando algunos motivos de índole más personal, una de las principales razones de esto fue su ritmo narrativo.

En este caso, pienso que el principal problema a nivel de ritmo narrativo lo encontramos también en el ecuador de la obra, lo que sumado a un alargamiento innecesario de algunas escenas y partes del juego da lugar a un cóctel un tanto amargo. Parece mezclar churras con merinas pero encuentro cierto paralelismo con HunterXHunter. Como ya sabréis los que habéis jugado a TLOU II (Aunque lo que voy a decir a continuación pienso que no es un spoiler si sois muy sensibles con este tema podéis dejar de leer), al principio se desarrolla la historia de Ellie que va creciendo progresivamente en interés y emoción hasta que llegados al punto más álgido de la misma de golpe y porrazo pasamos a controlar a Abby. Un coitus interruptus en toda regla y eso que la parte de Abby me gustó más y me pareció más emocionante. Pero eso es algo que no sabes hasta que llevas un buen rato jugando a esta parte. Ese frenazo y vuelta a empezar creo que le sienta fatal al ritmo narrativo de la obra. Mi reacción, invadido por una pereza tremenda, fue: “¿Y ahora tengo que volver a empezar?”.

Una apuesta arriesgada para presentarnos al que es para mí el mejor personaje del universo de TLOU pero un tropiezo narrativo en toda regla. No contentos con esto, aunque reconozco que a menor escala, justo en los capítulos finales del título tuve una sensación similar. Estos cambios de ritmo narrativo tan marcados los viví como algo muy abrupto y no como me hubiese gustado, como algo más progresivo que me permitiese digerir el nuevo curso de la obra. Esto sumado a la duración excesiva de determinantes segmentos, que hacían que se sintiese cada vez más lejos esa cima argumental que se había alcanzado previamente, hizo que estos se me tornasen tediosos e incluso aburridos.

Esto en cambio en la primera entrega de TLOU pienso que no pasaba. Es verdad que el inicio del juego, tras el subidón de adrenalina del prólogo, me pareció realmente aburrido, pero estamos hablando de escasos minutos de juego y no de horas. Además, superado este bache inicial, cuando el juego cogía ritmo lo sabía mantener muy bien hasta el final, algo que pienso que TLOU II no llega a conseguir.

Dos productos distintos, un anime y un videojuego, con un argumento y unos personajes excelentes pero que, debido a determinadas decisiones de ritmo narrativo, si bien no llegan a estropearse pienso que no llegan a brillar como deberían haberlo hecho. Esto creo que pone de nuevo sobre la mesa ese debate sobre la relación entre la duración y la calidad de los videojuegos. Por suerte, y según he leído en varias ocasiones en redes, parece que la comunidad tiene cada vez una mayor conciencia de que duración no es sinónimo de calidad. Me alegra pensar que se está abandonado esa mentalidad de pagar por horas de juego y se aboga más por un modelo de productos de entretenimiento centrado en ofrecer productos “sin relleno” y de mayor calidad.

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