Nintendo… ¡Devuélveme mi dinero! Y por qué los padres deberían preocuparse por las aficiones de sus hijos…

Hace unos días, navegando por Twitter, encontré un hilo en el que una usuaria relataba una historia en la que un niño de once años se había gastado unos, nada más y nada menos, 600€ en la eShop de Nintendo con el desconocimiento de sus padres (Enlace Aquí). Posteriormente pedía consejo y ayuda por si había alguna forma de que esa familia, que pasaba por dificultades económicas, pudiese recuperar ese dinero. La verdad es que está es una historia que no me sorprende ya que no es la primera vez que me topo con casos de estos, es más, hasta me llegué a topar en los foros de Little Alchemist (Videojuego móvil al que le dediqué una entrada llena de amor en los inicios de este blog y que podréis visitar en el siguiente enlace: Pay To Win = Pay For Shit (II) – Mi experiencia con Little Alchemist) a menores de edad que admitían que habían «robado» la tarjeta de sus padres y presumían de haberse gastado cientos de euros en ese y en otros videojuegos móviles.

Como cabría esperar, el hilo se llenó de comentarios de usuarios que sermoneaban a esos padres por su irresponsabilidad y les aconsejaban para que tomasen medidas para evitar que esos eventos se repitiesen. Las réplicas de la autora del hilo no se hicieron esperar acusando a estas voces de no dar soluciones al suceso y excusando a los padres alegando problemas familiares tales como la falta de supervisión del menor debido a cuestiones de trabajo. Junto a estas réplicas, no se hicieron esperar esos usuarios sacados del Siglo de Oro que aprovecharon la carnaza para criticar al sector del videojuego, culpar a la mismísima Nintendo de los sucesos y recordarnos lo nocivo que es el «mundo virtual» para nuestros menores. Nada nuevo bajo el sol, como si estuviésemos viendo aquel ilustrativo informativo de los noventa protagonizado por Squall Lionheart y Matías Prats. La cuestión es culpar a terceros y no asumir la responsabilidad de los errores propios.

Y es que todas estas historias parten de un mismo problema social que es el desconocimiento de un importante sector de la población sobre la industria del videojuego, sector del entretenimiento que está en auge y que cada vez es más popular entre los más jóvenes. Este desconocimiento, heredado de esa época en la que los que jugábamos a videojuegos eramos apartados y despreciados con todo tipo de improperios (La de veces que me habrán llamado «Friki» de modo despectivo…), es el responsable de tanta publicidad falsa, de tantos titulares tendenciosos… y, en última instancia, de problemas sociales/educacionales en los que se ven involucrados nuestros menores. Y al final del día, somos esos «frikis» los que tenemos que sacarle las castañas del fuego a aquellos ignorantes que en su día nos señalaron y, además, aguantar que se critique nuestra afición por no querer asumir una responsabilidad que no es de nadie más que de unos padres negligentes. Porque sí, aunque estemos pasando por un «mal momento» social, la educación de nuestros hijos es en última instancia nuestra responsabilidad y si en un determinado momento «la cagamos», lo menos que podemos hacer es asumir nuestros errores y aprender de ellos en vez de escurrir el bulto, culpar a terceros y reprochar a aquellos que nos intentan enseñar algo a través de nuestra equivocación (Perdonad si son duras mis palabras, pero este es un tema que siempre me ha mosqueado).

Del mismo modo que los padres nos preocupamos por aquellas películas, aquellos libros, aquella música… que consumen nuestros hijos también deberíamos preocuparnos por aquellos videojuegos y aquellas «nuevas tecnologías» que consuman. Del mismo modo que no dejamos ir a un niño solo por la calle en una zona que consideramos peligrosa o conflictiva, tampoco deberíamos dejarle un Smartphone sin supervisión o sin haber aplicado las medidas de seguridad y de control parental pertinentes. Tampoco digo que un padre tenga que aprender la tabla de tipos de Pokemon, la estrategia de cada jefe de Bloodborne o la localización de todos los coleccionables de Spyro, pero sí que debería tener un conocimiento básico sobre géneros de videojuegos, normativa PEGI y transacciones digitales para evitar casos como el que ha motivado esta entrada.

Esto impediría, entre otras cosas, que muchos de nuestros menores consumieran productos que están hechos para un público mayor de edad, porque es una vergüenza que haya tantos niños jugando a juegos como GTA V, pero mucha más vergüenza es que existan padres, si se les puede llamar así, que increpen a aquellos vendedores o a aquellos conocedores del sector del videojuego que les advierten sobre el contenido de estos videojuegos: «¿Qué me estas contando si los videojuegos y las «maquinitas» son cosa de niños?». Después problemas como la violencia en jóvenes y el fracaso escolar son culpa de los videojuegos, jamás de unos padres irresponsables que no se han preocupado por la educación de sus hijos porque pobres padres, ya tienen suficiente con lo que tienen. Pero no quiero explayarme más en esto porque no terminaríamos nunca.

Volviendo de nuevo al caso que nos atañe, si realmente esa familia está pasando por problemas económicos me gustaría que recuperasen el dinero pero es algo que veo bastante improbable por la cantidad de «barreras» que hay que sobrepasar para que un niño logre hacer ese desembolso en una tienda digital, lo que presupone una responsabilidad por parte del adulto quien, con conocimiento o no, le ha brindado acceso. No obstante, quiero lanzar un mensaje de tranquilidad por si hay algún padre que se ha dejado caer por estos lares y es que, como normal general, todas las transacciones digitales pasan por una serie de filtros que hacen harto improbable que suceda esto, en especial en tiendas digitales de consola. En primer lugar hay que aceptar una serie de términos y condiciones (Que nadie lee pero que habría que leer), en segundo lugar es necesaria una tarjeta bancaria (A la que ningún menor debería poder acceder sin supervisión), en tercer lugar se suelen exigir una serie de claves elegidas por el propio usuario y en cuarto lugar existen una serie de barreras de control parental que permiten poner un techo de gasto (Tanto en la tienda de videojuegos como en la cuenta bancaria).

Aunque el mundo virtual y el mundo de los videojuegos son entornos seguros para un menor si se utilizan las herramientas de supervisión y protección adecuadas no hay que caer en el error y en la soberbia de considerarlos algo «de niños» o «infantil». Al igual que en el mundo real en el mundo virtual también hay personas que se dedican a delinquir y es importante que, como padres, tengamos unos conocimientos básicos del mismo para evitar situaciones como las que han motivado esta entrada e incluso situaciones peores. Asimismo, creo que es un deber de todo padre el tomar parte en las aficiones de sus hijos para evitar que algo que puede ser muy enriquecedor en la formación de un menor, como lo es un videojuego, termine siendo objeto de miedos infundados por mentiras o siendo el responsable de un problema de índole económica por desconocimiento de los padres.

2 comentarios sobre “Nintendo… ¡Devuélveme mi dinero! Y por qué los padres deberían preocuparse por las aficiones de sus hijos…

  1. Lo triste es que esto es algo que lleva repitiendose durante decadas y este caso en particular es una muestra más de eso, porque cuando yo era niño mucha de las practicas que comentas también se hacian, todo por supuesto por una sarta de padres más preocupados de echarle la culpa a otros que asumir errores propios.

    Al final, si se hace un uso responsable de las tecnologias y se enseña a los menores a usarlas, junto con unas medidas adecuadas, como bien dices, otro gallo cantaría, pero claro no todo el mundo piensa igual…

    En fin, gran post ^^

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    1. Yo cuando era pequeño también pasaba pero al menos entonces no había los medios que existen hoy en día para informarse y si los había los “adultos” estaban poco familiarizados con ellos. La lástima es que todo acaba en mala prensa para el videojuego y en que los videojuegos son “malos”, etiqueta que tristemente tardará años en qué veamos desaparecer 😓

      ¡Muchas gracias por comentar y un saludo! 😁

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