Death Stranding: La Experiencia que Trasciende la Frontera del Videojuego

¿Por dónde empezar? Hace ya unas semanas que terminé Death Stranding y que estoy dando vueltas a qué enfoque dar a esta entrada. De la implicación social del título ya hablé en su día (Death Stranding: El Videojuego que Necesitaba la Comunidad), de su jugabilidad tres cuartos de lo mismo ([Rompiendo una Lanza…] A Favor de la Jugabilidad de Death Stranding) y en cuanto a su argumento, aunque daré alguna pincelada, prefiero evitar dar detalles pues lo verdaderamente interesante, al igual que pasa con el buen cine, es descubrirlo por uno mismo. Por tanto, dedicaré la entrada sobre todo a plasmar mi experiencia y mis impresiones sobre el juego, el resto queda a que cada uno bajo su propio criterio adquiera el videojuego y sea partícipe por si mismo de una experiencia que pocos videojuegos, por no decir ningún otro, pueden ofrecer.

La verdad es que yo no las tenía todas conmigo respecto al título antes de jugar a Death Stranding. Aunque me gustaba Metal Gear Solid desde su primer título ordinal en PlayStation, había perdido el interés en la obra de Hideo Kojima tras Metal Gear Solid 3: Snake Eater de PlayStation 2. Además, el aluvión tóxico que hubo sobre este título, que era una constante los días previos al lanzamiento de Death Stranding, hizo que aborreciera tanto a la comunidad como, de una forma un tanto injusta, a la misma obra. Por suerte, las redes sociales también tienen un lado positivo y tras leer, después de su lanzamiento, un sinfín de opiniones sobre lo gratificante y única que era la «experiencia» de jugar a Death Stranding me auto-convencí y lo terminé comprando. Quería ser participe, ver con mis propios ojos y vivir con el DualShock entre las manos esa experiencia que una gran cantidad de personas referían estar viviendo.

Death Stranding Lets Play 4

Y es que hablar de Death Stranding es hablar de experiencia, de una experiencia que juguetea con los límites de la frontera del videojuego y que, vivido lo vivido y leído lo leído, cada uno experimenta de un modo distinto, pero que sin duda no deja indiferente a nadie. Tampoco quiero engañar a quien no haya jugado a Death Stranding, el tantear los límites de la frontera del videojuego entiendo que es algo que no todo el mundo busca y que puede no gustar a alguien que quiera una experiencia videojueguística más orientada a una «diversión directa». Como he dicho en anteriores entradas, Death Stranding no es un videojuego para todo el mundo.

En mi caso, Death Stranding sí que me aportó lo que estaba buscando y estoy tremendamente satisfecho por haberlo jugado. Death Stranding me ha abierto los ojos a una nueva jugabilidad y a una narrativa que me han dejado marca. Con un par de décadas jugando a videojuegos a mis espaldas, este tipo de propuestas «diferentes» que buscan exaltar esa dimensión artística del videojuego, la cual es de mi interés y uno de mis objetos de estudio en la actualidad, me resultan de lo más atractivas. Y si algo no se puede negar de Death Stranding es que alude con notoriedad a esta dimensión artística en lo que a influir emocionalmente en el jugador se refiere. Aunque era escéptico cuando leía las opiniones de otros usuarios, he de reconocer que he vivido en mis carnes ese abanico de sensaciones que produce Death Stranding en el jugador, desde alegría a frustración pasando por una amplia gama de grises. Esto no es algo de lo que muchos videojuegos puedan presumir. Como detalle referente al final del juego, sin hacer ningún spoiler, existe una escena que tal vez sea de las más emotivas que he vivido en un videojuego (Y eso que hace poco me vanagloriaba que prácticamente la única escena que en mi caso había alcanzado estos matices era la del final de Final Fantasy VII Crisis Core).

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Pero, aunque contribuye de forma notoria, no todo se debe a este componente emocional. Death Stranding hace gala de un argumento del más puro estilo Sci-Fi Postapoalíptico, un género muy afín a mis gustos, con unas pinceladas filosóficas que invitan a dar vueltas constantemente a temas muy dados a la reflexión y muy humanos, tales como la vida y la muerte, el yo físico y el alma o las relaciones interpersonales. Este argumento ya desde los compases iniciales del juego se presenta de una forma bastante clara para que el jugador se pueda situar en contexto pese a su enorme complejidad. Esta complejidad se va desengranando a través de las cinemáticas y diálogos, que se presentan a medida que se avanza en el juego, y a los diferentes «mensajes» que se van desbloqueando a medida que se completan encargos secundarios que no solo contribuyen al desarrollo argumental sino también a profundizar en esa profunda cosmogonia que es el universo de Death Stranding. Algunos detalles argumentales, tales como la importancia que se la da a las extinciones, o algunos elementos del juego como la brea negra hacen que sea imposible no acordarse de una de mis series favoritas de televisión: The X-Files.

Hablando de narración y argumento, hay que señalar que Death Stranding es un videojuego muy «cinematográfico» que recuerda bastante, en su conjunto, a la narrativa empleada en el cine. De nuevo esto es algo que puede no gustar a aquellos jugadores que buscan más acción y que no disfrutan de sesiones cinemáticas que superan la hora de duración, como por ejemplo al principio de la aventura donde prácticamente las dos primeras horas de juego son cinemáticas (Algo que contribuye a lo que comentábamos antes de situar en contexto al jugador).

La suma de todos estos elementos, junto con esa jugabilidad que tal como señalé previamente fue muy de mi agrado, han hecho de Death Stranding un título que parecía hecho a medida para mí. Desde que empecé el juego hasta que lo terminé, tras unas treinta y cinco horas de juego (que supusieron aproximadamente un mes de juego para mí), no ha habido momento en el que no tuviera ganas de seguir jugando. Esto es algo que es meritorio en una persona como yo que no «soporta» los juegos largos por la fragmentación excesiva de sesiones de juego que tengo que asumir por no poder dedicar más que unas pocas horas diarias un par de veces a la semana. Pese a ello, el juego no se me ha hecho para nada largo, incluso diría que se me ha pasado volando, y aún sigo conservando ese hype que me mantuvo enganchado al juego ya que de vez en cuando leo artículos, reflexiones y teorías sobre el universo de Death Stranding. Esto último es algo que me resulta fascinante y que únicamente me había pasado con esas películas y series de televisión, mis favoritas, que van más allá y que tras su desenlace invitan a pensar pues dan lugar a múltiples interpretaciones e incógnitas que una mente curiosa como la mía se ve obligada a resolver. Es algo con lo que disfruto enormemente y que si no recuerdo mal ningún otro videojuego me había invitado a hacer, o al menos al nivel de Death Stranding.

Dicho todo esto… ¿Cuán satisfactorio me ha sido jugar a Death Stranding?

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Un título que me ha dejado huella y que pasará a formar parte de mí como un recuerdo imborrable. Una experiencia artística que trasciende la mismísima frontera del videojuego y que recomiendo a todo aquel que quiera probar algo diferente o que quiera alimentar su curiosidad con una historia de ciencia ficción digna de todo tipo de condecoraciones cinematográficas. Sin duda un título imprescindible para todos aquellos que, como yo, disfrutan de este tipo de historias que van más allá de lo mostrado en pantalla.

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Con títulos como Death Stranding pienso que debemos estar agradecidos de vivir una época tan fructífera para el videojuego. Algunos la llaman la «época dorada del videojuego» y estoy de acuerdo con ellos, y de ello son reflejo mis últimas impresiones en esta sección Let’s Play!, pues son prácticamente todas sobresalientes, y mi reciente entrada Sintámonos Afortunados: Estamos Viviendo una Época Dorada para el Videojuego. Aprovecho, empleando como aval ese mensaje de «unión» que promueve Death Stranding y que me viene como anillo al dedo con esta entrada, para lanzar un mensaje conciliador. Pienso que deberíamos olvidarnos de disputas por ver que videojuego o que consola es mejor o vende más. Es realmente triste ver como una importante parte de la comunidad, o si no importante con una voz muy sonora, parece que esté más preocupada por molestar a sus prójimos en vez de aprender de ellos a disfrutar de los videojuegos, independientemente de la «marca» que sean. Me compadezco de verdad de estas personas pues si verdaderamente se consideran aficionados a los videojuegos están dejando pasar por alto obras de una calidad tremenda como lo es Death Stranding, por rencillas estúpidas propias de un patio de colegio, y en vez de disfrutar lo único que hacen es entrar en esa espiral de odio que nada bueno trae a nivel personal y social.