Los Enemigos de Papá: El Mundo Abierto, Hacienda y Hidetaka Miyazaki

Continuamos esta tan entrañable sección narrando las aventuras de un padre de familia que hasta se tiene que llevar la consola al baño para dar salida a ese «jueguico» de portátil que de otro modo no podría ni jugar. Y es que te das cuenta que te has hecho mayor cuando el motivo de echar el pestillo en el baño es ver si te da tiempo de derribar ese último jefe de una mazmorra del Zelda. En esta entrada, siguiendo un poco con el hilo de la previa ([Cariño, soy un Casual] De Jugador Hardcore a… Padre de Familia), voy a continuar hablando de como me ha influido la paternidad en mi forma de jugar y a la hora de seleccionar un videojuego. Así que preparaos para otro monográfico. Hacienda es enemigo de todos, o de casi todos, pero seguramente haya padres que no consideren «enemigos» aquellos elementos de los que voy a hablar. Esto no deja de ser una opinión personal y al igual que cada uno vive la paternidad de un modo, también vive su afición por los videojuegos de una forma distinta.

En la pasada entrada hablé de las vicisitudes del tiempo, ese gran jefe final que tanto cuesta dominar y que, al igual que hueco novato que se enfrenta por primera vez a Ornstein y Smough en la magnificente catedral de Anor Londo, puede terminar desquiciando a todo padre que busqué su pequeño espacio para disfrutar de los videojuegos. Ese tiempo de ocio, implacable como un Venosaur con Somnífero y Drenadoras, es el que terminará definiendo el estilo de juego los padres de familia. Al final es lo que hay y toca amoldarse, lo que puede implicar que géneros de videojuegos que antes te atraían dejen de hacerlo pues las condiciones para disfrutarlos han cambiado. En mi caso eso ocurre, por ejemplo, con los tan de moda a día de hoy sandbox o mundos abiertos.

Enemigos Papa 6

Cuando era un niño que empezaba a dar mis primeros pasos en este mundillo tenía un sueño: ser millonario y tener todo el tiempo del mundo para jugar a videojuegos (Podría hablar de Tifa o de Lara Croft pero prefiero ser políticamente correcto). Pero este no era mi único sueño, también quería que se creará un videojuego en el que tuviese prácticamente total libertad de acción para viajar e interactuar con el entorno y de ese modo poder lograr una inmersión tal que pudiese disfrutar de una forma más plena si cabe de esas aventuras que me ofrecían los videojuegos. Y con el tiempo aparecieron algunos mundos abiertos de calidad capaces de ofrecer lo que buscaba, que no los «mundos abiertos» de garrafón, y ese sueño se torno algo material. Pero a día de hoy, en una época dorada para este género de videojuegos, son títulos que me repelen cual carta del banco inesperada porque no podría disfrutar de ellos como es debido. Esto es por culpa de lo que yo llamo fragmentación excesiva de la narrativa y es que los días de jugar de sol a sol alimentándose con pizza del Mercadona e hidratándose con latas de PartyCola quedaron en el pasado.

Enemigos Papa 5

A día de hoy lo que más me atrae de un videojuego es su argumento y el hype o ganas que tenga por jugarlo. El problema de las restricciones temporales es que llevan a una fragmentación excesiva del tiempo de juego, en sesiones cortas de una o dos horas diarias y no todos los días, lo que conlleva en consecuencia una pérdida del ritmo narrativo, una duración excesiva del título hablando en términos de tiempo real y no de juego (Y por ende que se pierdan progresivamente esas ganas de jugar que tenías al principio) y en definitiva que uno pierda el hilo de la historia. Todo ello se suma y hace que en mi caso deje de disfrutar del videojuego en cuestión como si de un coitus interruptus se tratara.

Los mundos abiertos, cuyo principal atractivo es poder echar horas y horas para perderte en sus rincones y lograr una buena inmersión, se ven muy afectados por todo lo  que he mencionado. Hasta diría que es un tipo de videojuegos que en cierto modo me llegan a generar ansiedad pues me gustaría dedicar tiempo a perderme en ellos pero al hacerlo veo no puedo avanzar en la trama principal como me gustaría, con lo que pierdo las ganas y al final ya me apetece jugar a otra cosa. Esto a la par me genera un sentimiento de desidia por dejar el juego a medias… En fin, una cagada. Tal vez haya jugadores que prefieran experiencias más arcade o más centradas en la jugabilidad o que simplemente puedan disfrutar igualmente de estos títulos aunque les lleve medio año completarlos, pero en mi caso no es así. Yo estoy en una fase de «devora-argumentos», que es como disfruto ahora mismo de los videojuegos, a mi ritmo, por lo que prefiero opciones de juego más directas o mundos abiertos «pequeños» y acordes a mi tiempo de juego para que no se me hagan pesados ni eternos. Y antes de que llegue algún «reparte carnets» de esos que abundan ahora por la red insisto que esta es mi forma personal e intrasferible de disfrutar del videojuego, la mía, no la tuya ni la de ningún vecino, y sí a ti te divierte echar cientos de horas en The Witcher 3 hasta el punto de pararte a contar los pelos del culo de Sardinilla me parece perfecto, pero no es mi forma de disfrutar de esta afición.

Enemigos Papa 2

Pero no son solo los mundos abiertos los que se ven afectados por esta fragmentación excesiva del tiempo de juego. Otros géneros de videojuegos, algunos de ellos verdaderos referentes para mí, como por ejemplo los RPG o los MMORPG, también sufren de este mal. Especial mención dolorosa a los MMORPG y en concreto a World of Warcraft, ese videojuego que tanto tiempo me ha succionado y que un Yitán sensiblero definiría como un «lugar al que regresar», el cual ya he asumido que ha cerrado por un largo tiempo las puertas para mí. Me gustaría volver a jugar de vez en cuando pero las gargantuescas exigencias de tiempo de juego que tienen este tipo de títulos hacen que me resulte algo inabarcable si deseará un mínimo en una ecuación progresión/tiempo de juego invertido. Al final con tanto zipizostio para cuadrar horas y progresión esta entrada podría llamarse perfectamente «los malabares de papá», y eso que no me he metido en ese terreno pantanoso que es organizar el resto del tiempo del día con peques por la casa. Para que luego te salga un «Arthas» de la vida…

Enemigos Papa 4

Volviendo a los rieles del debate, como comentaba previamente a día de hoy prefiero experiencias más directas y más pragmáticas, y dentro de estas experiencias videojuegos que me aporten algo más, videojuegos en los que no sea necesario invertir mucho tiempo para completarlos y que me hagan sentir que el tiempo invertido haya tenido realmente un masaje allá que la mera diversión. Por decirlo de algún modo, antes de ser padre con los videojuegos disfrutaba mucho del camino, aunque supusiera, adelantándome a lo que viene, renacer cien veces en una hoguera (Guiño, guiño, Dark Souls). Pero ahora disfruto más de la meta y de un camino favorable para conseguir dicha meta. Los tiempos cambian y la gente cambia, y cuando se es padre todavía más. Quién sabe, tal vez en unos años disfrute y me conforme simplemente oliendo el plástico de las carátulas, si el formato físico aún existe, o con suerte puede que pueda volver a dedicar horas y horas a títulos como Zelda Breath of The Wild. Pero ahora mismo tengo lo que tengo, lo acepto y la verdad es que he aprendido a disfrutar muchísimo con ello.

Y por último queda Miyazaki, el último enemigo, no se iba a librar en esta entrada como lo ha hecho el gran otro enemigo que vaticinaba el título de la entrada: Hacienda. Ese pequeño japonés engreído que tanto queremos y que nos devuelve su amor en forma de muerte y respawn de enemigos. Y esto viene a colación de la dificultad en los videojuegos, aspecto que en cierto modo también he visto afectado con mi nuevo estilo de juego. Me encantaría jugar a Sekiro: Shadows Die Twice ya que me fascina el trabajo de From Software pero la idea de quedar atascado en un enfrentamiento con un jefe y perder sesiones y sesiones de juego, lo que puede implicar incluso semanas de tiempo real, en este punto de mi vida se me hace poco o nada atractivo. Algo similar me pasó con Bloodborne y Vicaria Amelia. Tras decenas de intentos a punto estuve de tirar la toalla y eso que era una época en la que el pequeño de la casa era más permisivo con nuestro sueño. Por suerte no abandoné Bloodborne, pero este pequeño atasco no fue un trago agradable. Y por ese motivo a día de hoy tiendo a jugar con dificultades más fáciles y permisivas. ya que en la actualidad disfruto más del hecho de progresar en un videojuego que no del hecho de calentarme la cabeza, intento tras intento, para poder progresar, aunque la gratificación tras superar un enemigo difícil sea mayor bajo estas condiciones. Son tiempos distintos y el estilo de juego se adapta a ellos.

Enemigos Papa 3

Como podéis ver la paternidad te cambia la vida y también te cambia la forma de jugar. Ya no solo hablamos de géneros o de tipos de videojuegos sino que también hablamos de la forma de afrontar los géneros y los videojuegos a los que siempre hemos jugado. Y vosotros padres y madres gamers del mundo, ¿Os habéis aferrado a la tradición? ¿O también os habéis visto obligados a modificar vuestros hábitos de juego?

2 comentarios sobre “Los Enemigos de Papá: El Mundo Abierto, Hacienda y Hidetaka Miyazaki

  1. No tengo hijos (aún), pero mi rutina diara para proveer en la casa reduce mis horas de juego a 3 horas al día, y eso ignorando lo de dormir 6 horas diarias. De cierta forma, me calma saber que puedo ignorar ciertos juegos que se no serán para mi, y que el 100% no es esencial para llegar al final.

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    1. ¡Muchas gracias comentar como siempre Leaf! 😁 Es una señal de madurez, y una necesidad, aprender que no todo está al alcance y que hay que saber elegir. Al igual que a ti a mi también me calma saber que hay títulos que no son para mí y que no necesito sacar el 100% de un videojuego para poder disfrutarlo.

      ¡Un saludo! 😊

      Le gusta a 1 persona

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