De Jugador a Espectador: El Jugador Pasivo

Estreno nueva serie para hablar de los videojuegos desde el punto de vista del jugador pasivo o espectador de videojuegos y es que para disfrutar de un videojuego no hace falta necesariamente tener un mando entre las manos. Esta primera entrada servirá un poco de introducción para hablar de como ha evolucionado esta figura del jugador pasivo y en las subsiguientes me centraré en hablar en concreto de ciertas figuras de este mundillo (Youtubers, Streamers…) que han sido referencia para mí dentro de esta faceta de jugador pasivo.

A día de hoy, gracias a Internet y a las grandes plataformas de streaming, el mundo de los videojuegos entendido como un espectáculo que ver, más que como una actividad que practicar, se está desarrollando a pasos agigantados: las competiciones de eSports, Youtube, Twicht… Cada vez hay más gente que disfruta viendo a otros jugar. En la actualidad este fenómeno está alcanzando unas dimensiones descomunales. Aunque esto no siempre ha sido así sí que es verdad que el jugador pasivo es una figura que siempre ha existido.

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Los videojuegos siempre han tenido el poder de atraer a la gente y ya con las primeras máquinas recreativas, en los salones recreativos o en los bares, no era raro ver como se formaba un corrillo de gente alrededor del jugador: unos opinaban, otros aconsejaban, algunos se limitaban simplemente a mirar… Pero todos en cierto modo disfrutaban al ver como se jugaba al videojuego. Era un modo de disfrutar del juego sin necesidad de implicarse demasiado, de forma relajada y con unos niveles de adrenalina y ansiedad menores a los que vivía el jugador.

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Con la llegada de las consolas a los hogares particulares este fenómeno fue creciendo. No era rara la escena en la que un grupo de amigos quedaba en casa de alguien para merendar mientras veían como jugaba al videojuego nuevo que acababa de comprar o a la consola que no tenían en sus propias casas. Y es que ahora parece que todo el mundo tenga una consola pero hace veinte años por motivos culturales, y especialmente en un pueblo pequeño como en el que me crié, los videojuegos no gozaban de prestigio alguno y había una especie de fobia social al videojuego. En este contexto las existencias de consolas y videojuegos en los hogares eran más bien escasas y para poder disfrutar de un videojuego o de una consola muchas veces te tenías que conformar con ver como jugaba otra persona.

Con el paso del tiempo el mundo de los videojuegos se quitó de encima los prejucios y pudo, poco a poco, ir colándose en los hogares. Aún así, con acceso a los videojuegos, la figura del jugador pasivo seguía presente. Había días que preferías que alguien tomase las riendas y el control del mando mientras tu disfrutabas tranquilamente del visionado del videojuego bien de una forma pasiva o bien aconsejando al jugador en cuestión. Era una forma de convertir un videojuego de un solo jugador en una especie de «MultiPlayer«.

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Yo, como gran aficionado a los videojuegos, no tardé mucho en subirme al barco de los jugadores pasivos y en disfrutar de ellos como espectador ya con mi primera PlayStation. Mi hermano y yo compartíamos la afición a los videojuegos y sobre todo nos gustaba el género RPG que, en la mayoría de ocasiones, incluye videojuegos de un solo jugador. Por lo que no era extraña la escena en la que uno de los dos jugaba y el otro miraba, involucrándose bien opinando sobre que sería más favorable para un personaje, bien leyendo una guía… turnándonos según preferencias. No era un juego MultiPlayer pero lo disfrutábamos más incluso que si lo fuese. Recuerdo con bastante cariño por la situación, y con odio por el videojuego, el enfrentamiento contra Lenus en The Legend of Dragoon (Ya hablé de esto en la entrada ¿RPG Difíciles? (Parte I) – The Legend of Dragoon) y de como mientras uno de los dos tomaba el mando e intentaba ejecutar correctamente los combos para derrotar a la jefe el otro apuntaba en una hoja de papel números y hacia cálculos para ver cuanta vida tenía más o menos, cuanta vida le lográbamos quitar y cual sería la estrategia más eficiente para poder derrotarla. Tras tres días de intentos lo conseguimos. Uno jugaba y el otro miraba pero ambos disfrutábamos de la experiencia.

Con esto se puede ver como ser jugador pasivo no implica únicamente dedicarse a ver jugar sino que también convierte el juego en un acto de socialización a distintos niveles según quiera uno involucrarse. Esto se hizo más patente cuando se dio el gran paso y se pasó de ver jugar a conocidos a ver jugar a extraños a través de Internet.  Con estos extraños el espectador se podía limitar a ver como jugaban o se podía involucrar en sus partidas a través de comentarios, chats… Ello llevó a que el circulo social se extendiese aún más y se creasen pequeñas comunidades entorno a estos jugadores en las que los usuarios ya no se comunicaban únicamente con el jugador sino que también se comunicaban entre ellos para opinar sobre la partida o sobre distinto aspectos del videojuego. El círculo se hacía más grande: no eran unos pocos amigos hablando de un videojuego sino que ya eran decenas de personas. Esto llevó al jugador pasivo a una situación de «más espectador» o de mayor «pasividad» pues aunque podía participar directamente su influencia, al tratarse de un circulo social más grande, era menor.

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El máximo exponente de este fenómeno nos lleva a la actualidad con los eSports. Los videojuegos adquieren ya totalmente la calificación de espectáculo y el usuario puede tranquilamente ver una partida desde el sofá de su casa del mismo modo que el que ve un partido de fútbol. Ya no hablamos de decenas, sino que hablamos de círculos sociales con centenares o miles de personas hablando de un videojuego. El jugador pasivo alcanza con esto su máximo grado de «pasividad» ya que, aunque puede seguir participando en la comunidad, este ya es prácticamente incapaz de influir en la partida.

Este sería un poco el repaso de la evolución histórica de esta figura del jugador pasivo, siempre presente desde los inicios de la industria del videojuego. Esta figura, cada vez más presente y con mayor peso en nuestra sociedad, refleja un modelo alternativo que permite el disfrute de los videojuegos desde otra perspectiva totalmente aceptable y válida. En mi caso, como he mencionado con anterioridad, en mi vida como gamer la faceta del jugador pasivo ha tenido un peso muy importante, siendo incluso mayor que la vertiente activa en algunas épocas de mi vida. Por ello me gustaría emplear esta serie para dar crédito a algunas de estas figuras que han motivado esta faceta de mi vida como gamer tal y como veréis en las próximas entradas.

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