Pay To Win = Pay For Shit

¿Cuándo gastamos dinero en algún servicio que ofrece un videojuego sabemos realmente a qué estamos destinando ese dinero? “Pues claro melón, a mejorar mi experiencia de juego”. Aunque a priori parezca una pregunta con una respuesta sencilla, dicha respuesta oculta una serie de implicaciones de las que tal vez no seamos conscientes.

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Empecemos por lo primero, ¿qué es el Pay To Win?  Pay To Win, como su nombre indica sería “pagar para ganar”, lo que en el mundo de los videojuegos se traduce en “soltar la gallina”, es decir, gastar dinero real, para obtener algún beneficio o mejora en un videojuego. Aunque atendiéndonos a esta definición el término Pay To Win podría aplicarse a numerosos supuestos a la hora de la verdad este término queda relegado a las compras en aquellos videojuegos Player Vs Player (O PvP para abreviar), es decir, en aquellos videojuegos en los que existe la posibilidad de competir con otros jugadores. Por tanto hablamos de Pay To Win al gastar dinero real para obtener una ventaja frente a otros jugadores en un videojuego lo que, evidentemente, supone una mierda (Perdón por la expresión pero es para que entendáis lo de Pay For Shit, por si algún “morcillico” no lo había entendido) y un insulto a la esencia de un videojuego competitivo.

No obstante, no entremos todavía a la plaza a hacer sangre, pues no todo el Pay To Win es igual y no todo el Pay To Win implica una marcada prostitución de los principios de un videojuego. Hay distintos tipos de Pay To Win y en base a ello podemos clasificar a mi entender los videojuegos en tres clases según las características que nos aporte la inversión de dinero. De menos mala a más mala serían las siguientes:

  • Clase A (Estética): Las mejoras que obtendremos al pagar son puramente estéticas y no van a influir en lo que al PvP se refiere. Incluiría por ejemplo apariencias de personajes, escenarios, una ampliación de la banda sonora… Sería por tanto un tipo de Pay To Win tolerable dentro de lo que cabe ya que no aporta una ventaja real en lo que a competitividad se refiere.

 

  • Clase B (“Farmeo” o Recolección): Aquí ya empezamos a caminar sobre suelo quebradizo. En este tipo de videojuegos el pagar nos aportará una ventaja, llamémosla indirecta, frente a otros jugadores. Se trata de aquellos videojuegos que el pagar nos aportará de forma inmediata una mejora que también podremos conseguir sin pagar, pero evidentemente necesitaremos jugar más o menos para obtenerla si optamos por la forma de no pago. Un ejemplo de estos videojuegos sería Heartstone de Blizzard en el que podemos pasar varios días “farmeando” o recolectando oro del juego para comprar 10 sobres de cartas o podemos a golpe de talonario saltarnos dicho proceso de recolección y por unos cuantos euros conseguir esos 10 sobres al instante sin mayor esfuerzo. Según el tiempo de “farmeo” que nos ahorre el dinero real podemos subdividir los videojuegos de esta clase a su vez en dos subclases:
    • Clase B I: Cuando el “farmeo” es asequible, es decir, un jugador sin pagar podría llegar a competir con un jugador Pay To Win empleando un tiempo razonable de juego.
    • Clase BII: Estos videojuegos ya se encontrarían lindando la Clase C. No se consideran C pues no tienen mejoras exclusivas para los jugadores de pago pero el “farmeo” es tan duro y prohibitivo y las mejoras son tan difíciles de conseguir o requieren tanto tiempo de juego que al jugador que no paga le es prácticamente imposible competir con un jugador que sí que pague por dichas mejoras.

 

  • Clase C (Ventaja): Una lacra del mundo de los videojuegos, un gran reflejo de cómo el negocio y el hacer dinero superan la finalidad de satisfacer al consumidor. Se trata de aquellos videojuegos que dan nombre al Pay To Win, simple y llanamente videojuegos en los que se paga para ganar a los demás jugadores. La clave de este grupo sería que a través del pago podemos conseguir ventajas de las que no disponen los jugadores que no quieren pagar, generando de este modo un desbalance entre unos jugadores y otros rompiendo con la finalidad de un videojuego que sería divertir y entretener a sus jugadores.

A día de hoy, la mayoría de videojuegos Clase BII y Clase C los encontramos en los dispositivos móviles, una plataforma relativamente joven en lo que al mercado de los videojuegos se refiere con un público poco experimentado que es el objetivo idóneo para aquellas empresas que quieran aprovecharse y sacar dinero mediante prácticas de dudosa ética. Algo que suele caracterizar a estos videojuegos es que suelen tener una apariencia atractiva y suelen ser sencillos a la hora de jugar por lo que pueden llegar a este público que hemos mencionado, más amplio y con menor experiencia en el sector. Aunque esta entrada del blog va dedicada a cualquiera que juegue a videojuegos estaría tal vez más enfocada a este grupo de nuevos jugadores que por inexperiencia corren un mayor riesgo de “ser estafados” y de estar pagando por mierda, nunca mejor dicho, sin ser conscientes de ello de ello.

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¿Cómo sé que el videojuego al qué estoy jugando no es Pay To Win? Aunque conociendo un poco en profundidad cómo es el funcionamiento del videojuego al que estamos jugando y con la clasificación que he comentado con anterioridad debería ser sencillo saber si estamos jugando a un videojuego Pay To Win o no, voy a comentar para los más despistados cuáles serían aquellas características generales que suelen compartir este tipo de videojuegos.

Entonces, ¿cuál sería el prototipo de videojuego Pay To Win? Un videojuego Pay To Win tipo es un videojuego social donde exista cierta competitividad entre los jugadores, no necesariamente una competitividad directa en la que nos enfrentemos cara a cara con el otro jugador para ver quien tiene más habilidad en un «duelo», esta competitividad puede por ejemplo estar en ver quién logra una mayor puntuación en un ranking semanal,  en ver quién consigue un determinado objetivo en el menor tiempo… Esta competitividad será el combustible que alimentará nuestras ganas y necesidad de progresar en el videojuego y que nos llevará a abrir la cartera con mayor facilidad.

Esto nos lleva al segundo punto, suele tratarse de videojuegos que producen cierta adicción.  La receta para producir adicción es un esquema que se suele repetir cuando jugamos a este tipo de videojuegos: al principio se nos permite jugar todo lo que queramos y se nos ofrece una gran cantidad de recompensas muy llamativas, algunas incluso exclusivas para los jugadores de pago con la finalidad de hacer boca y que de este modo probemos aquello que nos pueden ofrecer si decidimos pagar, y a continuación se van reduciendo las recompensas que recibimos de forma paulatina así como nuestro tiempo de juego (Esto suele hacerse con un sistema de “vidas” que se rellenan con el tiempo, es decir, necesitaremos “vidas” para jugar partidas, al jugar estas se consumen y al pasar un determinado tiempo, minutos u horas, estas “vidas” se recargan y podemos volver a jugar). Es reducción paulatina es más o menos lineal hasta llegar a un punto crítico en el que se produce un aumento exponencial del “coste” de las recompensas frente a nuestras “ganancias” en el videojuego, es decir, ganamos muy poco para lo que nos piden que nos gastemos y además, por mucho que queramos, tenemos limitadas las recompensas que podemos obtener porque el sistema de «vidas» solo nos permite jugar unas pocas partidas.

Estos suelen ser videojuegos, como yo digo, para echar una partida mientras defecamos o mientras esperamos al autobús: partidas sencillas y cortas, por tanto un entretenimiento rápido. El problema viene cuando queremos jugar más tiempo y nos encontramos con que no nos quedan de las mencionadas “vidas” y hemos de esperar horas para volver a jugar, porque el juego como hemos mencionado resulta atractivo y acaba enganchando. Hasta ahora esto de las “vidas” no nos preocupaba, porque jugábamos solamente un ratito mientras cagábamos por lo que daba tiempo a que “se recargasen las vidas” hasta el día siguiente que repetíamos la acción pero ahora resulta que queremos jugar más y claro, el videojuego no nos lo permite porque hemos de esperar dos horas a tener una nueva “vida” y así poder volver a jugar. Tener o no “vidas” en el juego empieza a ser importante y nos preocupa ya que de ello va a depender nuestro tiempo de juego, ¿y qué opción nos ofrecen los creadores del videojuego para poder seguir jugando? Gastar dinero para poder recargar dichas “vidas”.

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Es un mecanismo muy sencillo de enganchar a la gente que además es doble: por una parte tenemos el dar algo que gusta durante un tiempo, hasta que se acostumbra uno, y de golpe y porrazo quitárselo, ofreciéndole eso sí la opción del pago para poder disfrutar de aquello que nos gusta, y por otra parte tenemos la adicción intrínseca que nos ofrece el aumento de ego que tenemos al ganar algo a la que podemos acceder fácilmente si pagamos por mejoras que nos faciliten el ganar a otros jugadores.

Resumiendo pues,  ¿cuál es la solución que nos ofrecen a todos nuestros problemas los desarrolladores? Gastar más y más dinero para poder «disfrutar del videojuego». Peligroso caballero es don Dinero. Así se puede iniciar un bucle que pago-recompensa, ya que de lo contrario no puedo estar a la altura de los demás jugadores, que se mantiene mientras haya jugadores de pago. La empresa responsable del videojuego te lo pone fácil: no hay que esforzarse, ni siquiera hay que ser bueno jugando al videojuego, simplemente gasta tu dinero y de forma sencilla alimentaremos tu ego y te haremos sentir un ganador. De este modo se forma un peligroso agujero en nuestra cartera por donde se pierde el dinero sin que nos percatemos de ello

Si reflexionamos un poco llegaremos a la conclusión de que el Pay To Win corrompe la esencia de cualquier videojuego competitivo. El videojuego deja de ser divertido y crea de la falsa sensación de satisfacción tras ganar a otros jugadores al emplear las ventajas que nos ofrece el pago, ¿y por qué falsa, si al fin y al cabo lo “importante es ganar”? Falsa porque no tiene mérito alguno. Es como si nos gustase un determinado deporte, digamos baloncesto, y sobornásemos al equipo contrario para que se dejase ganar, ¿qué merito hay en ello? ¿Qué diversión hay en que te regalasen el partido? Sí, tendrías una victoria, pero en el fondo sabrías que no es tuya, que es una victoria vacía y, además, si los rivales no te hacen frente no disfrutarás del partido. Pues eso mismo ocurre en los videojuegos Pay To Win, al pagar para poder ganar estamos invirtiendo en un sistema competitivo prostituido a una empresa en el que la diversión deja de ser el jugar al videojuego para ganar sino el pagar para ganar ya que no hay otra forma de ganar que pagando. Se crea de esta modo un bucle de pagos en el que cada vez se paga más y más, algo que le viene de perla a la empresa desarrolladora del videojuego. Algo muy poco ético, a fin de cuentas se trata de una empresa que mira más por sus beneficios que porque los consumidores disfruten de un producto de calidad.

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¿Lo triste de todo esto? Que al final todo es dinero que cae en saco roto o peor aún, en el bolsillo de unos estafadores ya que pronto deja de satisfacernos el videojuego en cuestión bien porque ha pasado de moda, porque ya no hay comunidad que lo juegue, porque los desarrolladores han decidido echar el cierre… Hemos derrochado un montón de dinero por algo que además no nos va a aportar reconocimiento alguno, porque si lo que buscamos es reconocimiento por tener victorias en un videojuego os he de decir que ninguna comunidad de videojuegos que se precie daría reconocimiento a los jugadores de un videojuego Pay To Win.

Dejando de lado el tema de cómo este tipo de videojuegos con mecanismos de pago Pay To Win dañan la esencia del videojuego per se, como consejo lapidario recalcar y subrayar el verdadero peligro de estos videojuegos es que crean una adicción y que buscan lucrarse de la misma. Por eso mi consejo es que os alejéis lo máximo posible y que huyáis sistemáticamente de cualquier videojuego que encaje en la descripción que he mencionado anteriormente (Videojuegos Clase BII y C) ya no por vosotros y vuestro dinero, también por no dar alimento a un grupo de empresas a las que no importa en absoluto el consumidor y que son una enfermedad que parece que cada vez se extienda más y más corrompiendo el mundo de los videojuegos. Dejemos de gastar el dinero en mierda e invirtamos en cosas útiles de verdad.

2 comentarios sobre “Pay To Win = Pay For Shit

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